Jun 18, 2019

Jesús habla de la humildad y de la correspondencia Vol. 4 Cap. 182




Continuando mi habitual estado, oía que en mi interior el bendito Jesús rezaba diciendo:

“Padre Santo, glorifica tu nombre, confunde y ocúltate a los soberbios y manifiéstate a los humildes, porque sólo el humilde te reconoce por su Creador y se reconoce como tu criatura.”

Dicho esto no se dejó oír más, si bien yo comprendía la fuerza de la humildad ante Dios; me parecía que no tiene ninguna duda en confiarle los más preciosos tesoros, más bien todo está abierto para los humildes, ninguna cosa está bajo llave. Todo lo contrario para los soberbios, más bien parece que les pone un lazo en los pies para confundirlos a cada paso. Poco después se ha hecho ver otra vez y me ha dicho:

“Hija mía, si un cuerpo está vivo se conoce por el calor interno continuo, porque se puede dar que mediante algún calor externo se pueda calentar, pero no viniendo de la verdadera vida pronto vuelve a enfriarse. Así el alma, se puede conocer si está viva a la Gracia si su vida interna está viva en el obrar, en amarme, si siente la fuerza de mi misma Vida en la suya. Si en cambio es por cualquier causa aparente que se calienta, hace algún bien y después se enfría, regresa a los vicios, comete las acostumbradas debilidades, hay una gran certeza de que está muerta a la Gracia, o bien está en los últimos extremos de la vida. Así se puede conocer si verdaderamente soy Yo quien voy al alma, si siente mi Gracia en su interior y todo su bien se funda en su interior; si en cambio todo es externo y nada advierte en su interior de bien, puede ser obra del demonio.”

Mientras esto decía ha desaparecido, pero poco después regresó y ha agregado:

“Hija mía, que terrible puede ser para las almas que han sido muy fecundadas por mi Gracia y no han correspondido. La nación hebrea, la más predilecta, la más fecundada, no obstante la más estéril, y toda mi persona no produjo aquel fruto que produjo Pablo en las otras naciones menos fecundadas, pero más correspondientes, porque la incorrespondencia a la Gracia ciega al alma, y la hace equivocarse y la dispone a la obstinación, aun frente a cualquier milagro.”



Libro de Cielo, Vol. 4, Cap. 182, Marzo 9, 1903






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