Jun 17, 2019

La Santísima Trinidad reflejada en el alma... Vol 14 cap. 20


La Santísima Trinidad reflejada en el alma.
Dolor de Jesús al ver deformadas la voluntad,

la inteligencia y la memoria del hombre
Encontrándome en mi habitual estado, estaba pensando en el dolor que sufrió mi dulce Jesús en el huerto de Getsemaní cuando se presentaron ante su Santidad todas nuestras culpas, y Jesús todo afligido, en mi interior me ha dicho:

“Hija mía, mi dolor fue grande e incomprensible a la mente creada, especialmente cuando vi la inteligencia humana deformada, mi bella imagen que hice reproducir en ella, no más bella, sino fea, horrible. Yo doté al hombre de voluntad, inteligencia y memoria; en la primera refulgía mi Padre celestial, el cual, como acto primero comunicaba su Potencia, su Santidad, su altura, por lo cual elevaba a la voluntad humana invistiéndola de su misma Santidad, Potencia y nobleza, dejando todas las corrientes abiertas entre Él y la voluntad humana, a fin de que siempre más se enriqueciera de los tesoros de mi Divinidad; entre la voluntad humana y la divina no había tuyo ni mío, sino todo en común, con acuerdo recíproco, era imagen nuestra, cosa nuestra, así que ella nos semejaba, por lo tanto nuestra Vida debía ser la suya y por eso constituía como acto primero su voluntad libre, independiente, como era acto primero la Voluntad de mi Padre celestial; pero esta voluntad cuánto se ha desfigurado, de libre se ha vuelto esclava de vilísimas pasiones. ¡Ah! es ella el principio de todos los males del hombre, no se reconoc más, cómo ha descendido de su nobleza, da asco mirarla.
Después, como acto segundo concurrí Yo, Hijo de Dios, dotando al hombre de inteligencia, comunicándole mi Sabiduría y la ciencia de todas las cosas, a fin de que conociéndolas pudiese gustar y hacerse feliz en el bien. Pero, ¡ay de Mí! Qué mar de vicios es la inteligencia de la criatura, de la ciencia se ha servido para desconocer a su Creador.
Y después, como acto tercero concurrió el Espíritu Santo, dotándolo de memoria, a fin de que recordándose de tantos beneficios, pudiera estar en continuas corrientes de amor, en continuas relaciones; el amor debía coronarla, abrazarla e informar toda su vida; ¡pero cómo queda contristado el eterno Amor! Esta memoria se recuerda de los placeres, de las riquezas y hasta de pecar, y la Trinidad Sacrosanta es puesta fuera de los dones dados a su criatura. Mi dolor fue indescriptible al ver la deformidad de las tres potencias del hombre; habíamos formado nuestra morada en él, y él nos había arrojado fuera.”


Libro de Cielo, Vol. 14, Cap. 20, Abril 8, 1922








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