May 22, 2019

Con cuánto amor Dios crea las almas.... Vol 17 Cap 19


Con cuánto amor Dios crea las almas,
como las hace crecer, como las cuida

y se da todo a ellas

Estaba pensando con cuanto amor nos ama Jesús, mi mente se perdía en el Amor eterno, y mi dulce Jesús moviéndose en mi interior me hacía ver en mi mente una aureola de luz; dentro de aquella aureola había un Sol, y este Sol contenía tantos rayos por cuantas criaturas existían, cada una de las cuales tenía un rayo todo para sí, que le daba vida, luz, calor, fuerza, crecimiento, todo lo que era necesario para formar una vida. Era deleitable ver como cada criatura estaba unida a cada rayo de este Sol, del cual había salido, como un sarmiento a la vid. Y mi amable Jesús, mientras mi mente se perdía en esto me ha dicho:

“Hija mía, mira con cuánto amor amo a la criatura, ella, antes de salir a la luz del día de este mundo ya estaba en mi seno, y al hacerla salir fuera no la dejé, un rayo de luz que contiene mi Vida la sigue para suministrarle todo lo que es necesario para desarrollar esta Vida y, ¡con cuánto cuidado la hago crecer! ¡Con cuánto amor la riego! Yo mismo me hago luz, calor, alimento, defensa, y cuando termina sus días en el tiempo, sobre el camino del mismo rayo la retiro en mi seno para hacerla espaciarse en la patria celestial. Mi Amor se hace para la criatura más que el sol que formé en el cielo azul, es más, el sol que creé para beneficio de la naturaleza humana no es otra cosa que la sombra de mi verdadero Sol, porque el sol de la atmósfera no forma las plantas, ni les da el agua para que no se sequen, ni da todas las ayudas que son necesarias para que las plantas crezcan bellas y fuertes, y los hombres, aun los ciegos, puedan gozar de su luz; hace sólo su oficio de iluminar y calentar y sigue adelante; y si las plantas no son regadas no tiene nada que hacer para comunicarles sus efectos, al contrario, las seca de más. En cambio Yo que soy el verdadero Sol de las almas, no las dejo ni de noche ni de día, Yo mismo formo las almas, les doy el agua de mi Gracia para no dejarlas secar, las nutro con la luz de mis verdades, las fortifico con mis ejemplos, les doy el viento de mis caricias para purificarlas, el rocío de mis carismas para embellecerlas, las flechas de mi Amor para calentarlas, en suma, no hay cosa que no haga por ellas; Yo soy todo para ellas y pongo a disposición de cada una toda mi Vida para su bien, pero cuánta ingratitud de parte de las criaturas, parece que están unidas como sarmientos a mi vid, no por amor sino por fuerza, porque no pueden prescindir de Mí y por eso crecen como sarmientos que no recibiendo todos los humores buenos que contiene la vid, crecen débiles, sin formar jamás uvas maduras, sino acerbas, que amargan mi gusto divino. ¡Ah! si todos supieran cómo amo sus almas, todos quedarían arrebatados por el atractivo y la fuerza de mi Amor y me amarían de más, por eso ámame tú y tu amor se agrande tanto que puedas amarme por todos.”


Libro de Cielo, Vol. 17, Cap. 19, Octubre 17, 1924






"Yo soy la vid y ustedes las ramas. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto, pero sin mí, no pueden hacer nada."


Evangelio según San Juan 15, 5








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