May 24, 2019

El amor basta para todo, y cambia las virtudes naturales en divinas Vol 10 Cap 3



Encontrándome en mi habitual estado, estaba pensando en la pureza, y en cómo yo a esta bella virtud no le dedico ni un pensamiento, ni a favor ni en contra; me parece que en este punto de la pureza, ni ella me molesta a mí, ni yo me doy un pensamiento de ella. Y decía entre mí: “Yo misma no sé cómo me encuentro en relación a esta virtud, pero no quiero entrometerme en eso, me basta el amor para todo.” Y Jesús, retomando mis palabras me ha dicho:

“Hija mía, el amor encierra todo, encadena todo, da vida a todo, sobre todo triunfa, todo embellece, todo enriquece. La pureza se contenta con no hacer ningún acto, mirada, pensamiento, palabra, que no sea honesto, el resto lo tolera, con esto no se reduce a otra cosa que a adquirir la pureza natural; el amor es celoso de todo, aun del pensamiento, del respiro, aunque fueran honestos, todo lo quiere para sí, y con esto da al alma la pureza no natural sino divina y así de todas las otras virtudes. Así que el amor se puede decir que es paciencia, el amor es obediencia, es dulzura, es fuerza, es paz, es todo, así que todas las virtudes, si no tienen vida del amor, a lo más se pueden llamar virtudes naturales, pero el amor las cambia en virtudes divinas. ¡Oh!, qué diferencia entre las unas y las otras, las virtudes naturales son siervas y las divinas reinas, por eso para todo te baste el amor.”


Libro de Cielo, Vol. 10, Cap. 3, Noviembre 23, 1910




El amor es paciente; el amor es benigno, sin envidia; el amor no es jactancioso, no se engríe; no hace nada que no sea conveniente, no busca lo suyo, no se irrita, no piensa mal; no se regocija en la injusticia, antes se regocija con la verdad; todo lo sobrelleva, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
El amor nunca se acaba; en cambio, las profecías terminarán, las lenguas cesarán, la ciencia tendrá su fin. Porque (sólo) en parte conocemos, y en parte profetizamos; mas cuando llegue lo perfecto, entonces lo parcial se acabará.


1 Corintios 13, 4-10






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